Para mi familia, con mucho cariño.
Hola... hoy les hablaré de mi, acerca de mis encuentros cercanos.
Nací bajo circunstancias muy difíciles, inclusive nací de color lila, como me decía mi mamá, ya que por falta de oxígeno ya estaba de ese color.
Cuando tenía un año, no quería comer, me volví muy melindrosa, cosa que aún tengo y nadie me dirá que estoy mintiendo. A tal grado que el doctor le dijo a mi mamá que ya casi no tenía estómago y que me lo tenía que volver a hacer, y me platicaba que había sido toda una odisea.
Cuando tenía 9 años, como les he platicado, me dio fiebre reumática, por esa razón, me creció el corazón tanto que no me dejaba respirar bien, pero eso no era todo, sino que todo mi sistema estaba bajo un shock tremendo, y como ya saben, mi tío Tomás me salvó la vida, al conseguir una cama para mi en el Hospital Infantil, donde estuve más de tres meses y en donde los médicos no pensaban que despertara al día siguiente, con oxígeno, inyecciones de penicilina cada tres horas y suero las 24 horas del día. Ya hubiera querido que fueran como hoy día, en que puedes mover el brazo.... yo no, no podía moverme porque la aguja se saldría. Fue mi primer encuentro consciente, con la muerte. Muchas niñas murieron mientras estuve allí, como que ya era algo normal. Y si, es algo normal, la muerte es parte de la vida.
Cuando tenía 17 años y ya trabajando en PEMEX, un día amanecí sintiéndome muy mal. Con un fuerte dolor de estómago y así se lo hice saber a mi abuelita. Me metí a bañar y cuando salí, me dijo: no, no vas a ir a trabajar a lo que contesté que tenía mucho trabajo, total me dijo que iba a llamar al doctor. Al poco rato llegó y me dijo que algo había comido y me había hecho mal. Bueno, pensé, pero el dolor me seguía. Mi nagüe me dijo que quería de comer y como me gusta mucho el caldo, le dije que eso y claro me lo hizo, quienes la conocieron saben muy bien que cocinaba muy muy rico. Estaba comiendo cuando llegó Tomás y me dijo: y tú qué haces, qué pasa y le dije que estaba enferma y me dijo... si como no... enfermo que come y..... ya se lo saben. Nada más me reí. El dolor seguía y más fuerte, mi abuelita le llamó nuevamente al doctor y cuando llegó y me auscultó... dijo: es el apéndice. En ese momento le habló a una ambulancia y me llevaron al hospital. Cuando llegué, me dijo el médico. Te van a hacer unos análisis y si es de urgencia, ahorita mismo te operamos, si no, mañana con calma. Sirve que duermes bien y todo. Al rato entró y me dijo que no era de urgencia, que me operarían al día siguiente. Y así fue, al día siguiente me operaron y cuando abrieron... OHHHHH.... el apéndice se había roto y era todo un desastre allí adentro. No cerraron pues tuvieron que dejar abierta una parte para que drenara todo lo malo. El médico, cuando fui a consulta, me dijo... por poco te vas a pasar Navidad el cielo... como que le dio pena decir otra cosa :O)
Bueno, ésto ya se hizo demasiado largo... pero todavía tengo otras dos, que mañana o el domingo les platico de qué se trataron.
Un abrazo como siempre con mucho cariño. Cuídense.
Y a qué viene ésto, se preguntarán. Soy fiel creyente que lo que pasa, no sucede por accidente, es algo que ya está premeditado. Llámenle como quieran, pero para mi hay demasiadas señales que me hacen creerlo firmemente.
En una ocasión, yo creo que fue como por el año de 1978 en que fuimos de vacaciones a la playa de Tecomán en Colima, con un matrimonio amigo nuestro, su hija, marido e hijos, así como una tía de ellos que vivía en Colima.
Las muchachitas, como les decían a mis hijas, Lydia y Lizette eran pequeñas y apenas estaban aprendiendo a hablar y Somi, mas grandecita. En esa ocasión no fueron Gerardo ni René, los hijos mayores, ya que decidieron quedarse en casa.
Tuvimos un viaje muy bueno, buen clima y muy buen ambiente. Llegamos a un hotel que estaba en la playa, hotel no lujoso, pero muy cómodo y tenía un comedor en lo alto, ventilado por todos lados.
El segundo día, estábamos mi amiga y yo platicando dentro del mar, en cuclillas, entre otras cosas, me platicó del chofer de su tía, el que hacía poco había enviudado y se encontraba muy triste. el mar estaba tranquilo, el clima caliente y mi marido llegó con nosotros, estuvimos platicando de muchas cosas y de pronto Francisco se fue al hotel. Nosotros nos quedamos en el güiri güiri y de pronto le digo a mi amiga... oye, ¿tocas el fondo? y cuando me dice que no, volteo hacia la playa y veo que estamos lejísimos. ¿Cuándo y a qué hora, la corriente nos llevó hasta ese punto sin darnos cuenta?
Su hija estaba en el comedor del hotel y dice que estaba viendo hacia el mar y vio dos cabezas muy a lo lejos y que pensó: pero qué locuras de esas señoras y cuando se fijó bien, grito: ¡¡ LAS MAMÁS!! y bajó corriendo con su papá y su marido a decirles lo que había visto.
Cuando nos dimos cuenta de que estábamos tan lejos, mi amiga dijo: me voy a ir más a lo hondo donde ya las olas no rompen. Y yo le dije: voy a nadar hacia le playa... y eso hicimos, ella se fue donde el mar estaba muy tranquilo, mientras yo me echaba a nadar entre un oleaje bastante fuerte. Yo la verdad es que nunca me hubiera ido donde se fue mi amiga. No soporto estar flotando, sin saber qué hay abajo de mí. Si, muy cobarde en ese aspecto. No lo soporto. Así que para mi era mucho más fácil nadar y pues nada, que no avanzaba y solo me cansaba. En esas estaba, cuando llegó un señor y me dijo: la voy a ayudar a salir. Yo le dije que fuera con una señora que estaba más atrás, pues me imaginaba que estaba teniendo problemas. Y el señor me dijo: No, primero la voy a ayudar a usted. Y siguió diciéndome, yo le digo cuando nadar, cuando venga una ola grande, le digo y así fue, estuvimos nadando un buen rato, yo ya estaba cansadísima, ya no podía ni levantar el brazo para nadar.
Y le digo: ¿Toca el piso? y veo que trata de tocarlo y me dice. NO cuando oigo eso, le digo. Ya estoy muy cansada, no puedo seguir adelante. Le agradezco mucho su ayuda muchas gracias -, adios. - Y me dejé ir, sin miedo, sin nada, simplemente me hundí. Para ésto, ya había tomado mucha agua, así que otra poca, ya no importaba.
De pronto, siento su mano en mi brazo y me sacó, diciéndome... no señora, no se rinda. Claro, para ésto ya habíamos retrocedido un buen trecho. En ese momento, le dije... tiene razón, sigamos... para no hacerles el cuento más largo, cuando toqué la arena, no daba crédito, una de las hijas de mi amiga, Laurita, corrió por mi y me ayudó a llegar a la playa, pues de verdad, las piernas no las sentía, del cansancio. Me tiré en la arena y a sacar agua, pero muchísima.
No sabíamos y nunca nos dijeron que en esa playa en especial, de pronto y sin nignún aviso, llegan corrientes muy fuertes. Pero después de ésto, pusieron las famosas banderitas rojas, en señal de peligro.
Qué bueno que mis hijos no habían ido, pues se hubieran metido al mar en mi ayuda, claro que muy buenos nadadores, pero uno nunca sabe. Y nuevamente, "por algo".
Como ésto ya está demasiado largo, mañana les cuento cómo fue la segunda parte del salvamento, pues no olvidemos que mi amiga seguía adentro. Después me dijo: cuando te vi nadar tan decidida hacia la playa, pensé, Lili ahorita llega y hasta un helicóptero viene por mi :O)
Mañana le sigo, y ya saben reciban un abrazo con todo mi cariño.
Buenas noches.
Creo que hice una telenovela de 100 capítulos, cuando pude haberlo hecho en 3.
Asi que ahora resumiré tanto como pueda.
Cuando salí, me di cuenta que ya habían organizado para ir por mi amiga y un señor que también se estaba ahogando, pero ella lo tranquilizó y puedo decir sin error a equivocarme, que le salvó la vida.
Un muchacho joven, amarrado de una cuerda desde la playa y con una llanta, los sacó.
¿Y mi marido?... bien, durmiendo y nunca se dio cuenta de nada. Se hubiera quedado viudo sin siquiera saberlo.
Bueno y la otra fue en una camioneta grande, viniendo de Guadalajara, con una amiga, su marido y una de sus hijas.
Yo manejando, mi amiga de copiloto platicándome para no dormirme, eran como las 3 de la mañana. Veníamos en uno de esos caminos que les llaman de columpio, o sea son bajadas muy pronunciadas y luego subirlas.
Bueno, entonces iba pues a velocidad normal, yo creo que como a 110 km. por hora, cuando viene un coche de frente y en la cúspide, al bajar, alumbró a un camión parado enfrente de mi. Sin luces, sin señalamientos, sin nada.
Sólo me dio tiempo de volantear hacia la izquierda, para no chocar. Pero de frente venía el coche, así que volantee hacia la derecha inmediatamente y claro, la camioneta empezó a irse de un lado a otro, yo no la podía mantener derecha, ya que cuando eso pasa, ya saben, uno pierde el control total del vehículo.
El marido de mi amiga, que venía durmiendo en el asiento trasero y la hija hasta atrás, se levantaron muy asustados, pero la camioneta proco a poco fue dejándose manejar y ya llegamos a la CDMX... pero si, estuvo muy cerca. Simplemente allí hubiéramos quedado. Por lo menos mi amiga y yo.
Bueno y ahora que recuerdo... ésto sucedió en Maryland, U.S.A. Francisco salía a algún país de Sud-América, ya en la noche y lo llevé al aeropuerto de Baltimore. Los tres niños durmiendo en casa.
Era invierno y hacía mucho frío, había nevado y toda la cosa. Al regresar, iba en algo así como el periférico, el camino estaba limpio de nieve. Pero al ingresar bajo un puente, había hielo en el piso, así que el coche empezó a dar vueltas como loco, claro, yo iba muy fuerte, seguramente a 130 en aquellos tiempos no había límites de velocidady nuevamente, yo no tenía el control del coche. Pero de verdad la Providencia me cuidó, pues no pegué con ninguna de las pareces. Y cuando el coche paró... lo hizo en la dirección en que iba, además con la suerte de que ningún coche pasó, ni de ida ni de vuelta.
Y claro que me asusté mucho, sobre todo que mis tres niños estaban durmiendo en la casa, Francisco, viajando a algún país lejano y yo golpeada, o peor aún. Todavía cuando lo pienso me da escalofrío, sobre todo los niños solos, despertando al día siguiente y yo pues quien sabe donde y cómo.
Así que cuando me llegue la hora, ni voy a chistar, ya que esta vida ha sido muy benévola conmigo.
Despúes de ésto, los dejaré descansar una semana.
Pásenla bien y cuídense mucho. Un abrazo muy fuerte con cariño. Hasta luego.
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