Prosigo, después de un breve descanso.
Entonces seguimos en Artículo 123, René ya tenía varios meses para este entonces. Le gustaba mucho que lo lleváramos a la Alameda y le compráramos un gran globo de gas, el cual se lo amarrábamos en la mano y cuando la movía y el globo también, le daba mucho gusto. Por alguna razón le gustaban mucho los árboles. Nos estábamos horas, escuchando la música, viendo a la gente, comprando cualquier tontería para comer, en fin, era un domingo agradable.
Un día, cuando llegó Francisco a comer, le comenté que René hacía gestos cuando comía y me daba pendiente que tuviera las amígdalas crecidas. Me dijo que lo llevara al pediatra y así lo hice. Lo primero que me preguntó fue que si tenía todas sus vacunas. Le enseñé su cartilla de vacunación y vio que todo estaba en orden. Lo auscultó y me dijo que era una pequeña laringitis, me dio una receta, le compré la medicina y cuando llegué a casa se la di, llegó su papá ya más tarde y le platiqué y todo muy bien.
Como les he platicado era un departamento pequeño, así que la cuna de René (tuvimos que salir a la calle pues sonaron las alarmas sísmicas y uno nunca sabe en esta ciudad qué esperar. Afortunadamente este temblor fue muy leve.) Entonces sigo. A media noche me despertó un ruido raro, al principio no supe qué era. (Si, en aquellos tiempos escuchaba bien)... después me di cuenta que era René el que hacía esos ruidos, pues no podía respirar. Lo cargué y seguía, debo decir que sentí tan feo no poder hacer algo por mi hijo. Francisco se vistió rápidamente y se fue a la Alameda a buscar un teléfono público y le llamó a un servicio de emergencia llamado La Prensa. Llegaron muy rápido y en cuanto el doctor entró a la recámara... dijo: es difteria.
Sentí horrible al escuchar tal palabra. Pero, -le dije- tiene todas sus vacunas. Y él volvió a decir:,,, no imprta, es difteria. Tienen que cubrir su cuna y ponerle oxígeno. Imposible hacer eso, en primera, sabía que es muy contagiosa esa enfermedad y en segundo lugar para nosotros era imposible hacer eso. Francisco le llamó a un doctor, que era dueño de un hospital y que atendía a todos los chapingueros y gratis. Pero entonces le dijo que no podía tenerlo allí porque no tenía una sala de contagiosos, pero que le llamara en media hora... así lo hizo y entonces le dijo que ya nos había conseguido una cama en un hospital infantil en la Ave. Ermita Ixtapalapa.
Inmediatamente tomamos a René y corrimos hacia el hospital, afortunadamente le habían prestado una pick up a Fco. (entonces pensarán... no corrieron 😅 Nos recibió una doctora muy amable, jefa del piso donde estaría René... pero para ésto, René siempre sonriente, nunca lloró y cuando lo pusieron en su cuna, se levantó y empezó a ver a todos lados como investigando. La doctora nos dijo... no tiene difteria, a veces cuando un bebé toma leche, se puede confundir, pero de todos modos le haremos un cultivo, el cual tomará tres días.
Para no hacerlo más largo, íbamos todos los días a verlo y nunca estaba en su cuna... andaba de paseo, porque era tan simpático que ya se había ganado a todas las enfermeras, y lo traían de paseo por todos lados. Y así, dieron los tres días... llegamos ya para llevárnoslo de vuelta a la casa. Cuando voy viendo su cuna, envuelta en una tela, con oxígeno y en su piecito una aguja pasándole suero.
Ya se imaginarán cómo me sentí. Y llegó la doctora y nos dijo... sí, si tiene difteria. Entonces empezó a interrogarnos que a donde lo habíamos llevado... ¿al cine?... NO... ¿a un cumpleaños de un niño? NO. A todo, contestaba NO, lo cual era cierto. Entonces, -nos dijo- ustedes pueden ser portadores. Qué cosa tan horrible, andar contagiando sin saberlo. Y nos sacaron muestras a los dos y no, salimos negativos.
Bueno, aquí le dejo... pero ya en la siguiente llegaremos a la casa Número 3.
Les dejo como siempre un abrazo con mucho cariño. Buenas noches y cuídense.
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