De vuelta a la ciudad de México.
Y como les contaba, el regreso en el coche nada nuevo pero que con trabajos y todo, nos trajo nuevamente a la ciudad de México.
Pero antes, claro, teníamos que pasar la frontera, cosa nada fácil y con un calor terrible y con dos niñitos, que hasta eso, se portaron muy bien, René ya grandecito y Gerardo pequeño pero bien portado, al grado que cuando no tuve biberón limpio que darle ni donde me lo lavaran ni nada y además no tenía la certeza que lo hicieran bien, se me ocurrió darle con un popote. ¿¿Y qué fue lo que sucedió?? que sorbió en él y se tomó toda su leche, como si siempre hubiera tomado con popote. ¿Porqué son las cosas así?..... ¿porqué sucede lo inesperado cuando uno menos lo piensa?... (como diría mi hija Lydia).
La verdad es que viendo eso, me entró una tranquilidad que no esperaba tener.
Y total, llegamos a la ciudad y lo primero, pues era buscar una casa donde vivir. Francisco entró a trabajar al Banco Agrícola... (hoy inexistente).
Encontramos un departamento en la colonia Lindavista, a un lado de la Iglesia San Cayetano. Era pequeño, pero agradable, con dos recámaras y todo lo necesario para nosotros, que sea dicho de paso y como todos se imaginarán, lo que traíamos en las maletas era apenas lo necesario. ¿Y menaje de casa? no existía, OBVIO... como diría otra de mis hijas.
Entonces:
CASA NÚMERO CUATRO.... Lindavista.
Cuando llegamos, mis papás, seguían viviendo en Escuela Industrial, Col. Industrial, muy cerca de la Ave. Guadalupe y muy cerca de la Basílica de Guadalupe. Donde siendo novios Francisco y yo, seguido nos íbamos caminando.
Hoy se me hace difícil imaginarme caminando grandes distancias, cuando hoy apenas puedo caminar dos cuadras. Pero bueno, eran otros tiempos y otras circunstancias.
Entonces como le iba platicando mis papás decidieron cambiarse de casa y de camino al mercado había visto un departamento que se rentaba y se los dije. Fuimos a verlo y era grande y espacioso y decidieron tomarlo.
Ese día del cambio, cuando llegó Francisco a comer, le dije que quería ir con mis papás, para ayudarles con lo del cambio de casa. Así que comimos y nos fuimos a ayudarles.
Cuando me abrieron la puerta, vi a mi papá, muy bañado, muy guapo, sentado en la sala frente al televisor. Seguro todos recuerdan a mi papá.
Le pregunté por mi mamá y estaba en la cocina lavando los trastes pues ya habían comido y le dije. Venimos a ayudarles, qué podemos hacer?... y me contesta. Gracias, pero qué crees, ya terminamos.
Cuando escuché eso no lo creía, pero así era, todo estaba en su lugar.
Les dejo como de costumbre un abrazo grande y mis deseos porque todos se encuentren muy bien.
Hasta pronto.
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