Y nuevamente de viaje hacia la ciudad de México.
Y así dejamos ese lugar que fue nuestro hogar por dos años. Francisco terminó su maestría, estudiando a marchas forzadas y René y yo dejándolo estudiar, paseando, (claro, cuando el clima lo permitía, ya que a veces si era imposible salir a caminar, aunque como que a René no le molestaba tanto como a mi.)... allí aprendimos muchas cosas juntos, ya que como nueva mamá, si tuve mucho que aprender.
Aprendí con asombro que una noche me acostaba a dormir con todos los árboles "secos" y al día siguiente al despertar, veía que estaban llenos de flores. Algo que no se ve en estos lugares de climas tan templados como México. Las estaciones no son tan tajantes.
Recuerdo que el 21 de marzo, el empiezo de la primavera, pensé que automáticamente el clima cambiaría y cual no era mi sorpresa que las grandes nevadas se daban exactamente al empiezo de la primavera. O como cuando vi que el sol estaba resplandeciente y salí feliz y me regresé a la casa horrorizada del frío tan intenso. }
Mi abuelita decía que el sol era la cobija de los pobres. Pues si, eso será aquí, pero allá en invierno para nada.
Aunque la verdad se acostumbra uno al frío. Un día estábamos René y yo jugando con la nieve, sentados en el jardín, le gustaba quitar la nieve y ver que el pasto abajo estaba verde y rozagante. En eso salieron los papás de los amigos de Hermosillo que habían llegado de visita, vestidos como si fueran al polo norte. Cuando nos vieron sin guantes, ni bufanda, ni gorro y jugando con la nieve, y me preguntaron que si no tenía frío. Y la verdad no teníamos.
También me encontré con que otro chapinguero se encontraba allá haciendo su doctorado. Su esposa me ayudó bastante al principio. René y yo los visitábamos seguido, ella ya tenía creo que tres niños.
En fin, dejábamos atrás una época vivida a plenitud y consciente de todo lo que acontecía a nuestro rededor.
Y como les platicaba, metimos pocas cosas en el coche y nuevamente con las manos vacías, tomamos el rumbo hacia el sur.
Las pocas cosas que habíamos comprado no recuerdo qué hicimos con ellas, pero eso si, no las vendimos, nunca he vendido nada cuando dejamos una casa.
Gerardo era un bebé de meses y René con dos años y medio nos venimos por todo el centro de E.U. hacia la frontera con México.
El viaje nos tomó varios días, para los niños era cansado y manejábamos los dos, por ese lado no era tan pesado, pero tuvimos que pecnotar en un hotel dos noches.
Fue un viaje interesante. vimos muchos paisajes nuevos y experiencias particularmente extrañas, como cuando paramos en una gasolinería y el despachador nos dijo: Aquí no se sirve a blancos. Entonces Francisco le dijo... es que nosotros no somos blancos, somos cafés. Inmediatamente el hombre contestó. Ah... mexicanos y cuando le dijimos que si, tomó la manguera y nos llenó el tanque.
Y hasta aquí hoy, continuaré pronto. Reciban como siempre, un abrazo cariñoso y fuerte. Buenas noches.
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