Y seguimos en Madison
Y seguimos en Madison, con mucho frío. Quien nunca ha estado en esos climas, como le decía a mi mamá.... no sabes mamá, es un frío que te traspasa. (tiempo después lo confirmó).
Para mi realmente todo era nuevo, toda era una nueva experiencia. Yo sabía bien a lo que iba... Francisco se dedicaría a estudiar y yo no podría decirle que me dedicara más tiempo, pues no iba de vacaciones. El supermercado quedaba mas o menos cerca. Le compramos a René un carrito de esos clásicos, era azul, muy bonito y muy cómodo. Lo poníamos en él y nos servía para las bolsas del mercado.
El era feliz y nosotros también. Al principio todo me parecía carísimo, y creo que el primer día regresamos casi sin nada. Pero pues era una verdadera tontería y teníamos que vivir asi que ya ni veía los precios de las cosas.
Francisco tenía una beca de la Fundación Rockefeller. Nos alcanzaba muy bien para vivir, pero nada de lujos o vacaciones o algo por el estilo.
Un día empezamos a escuchar en el radio una sirena y que era un ensayo... que cuando fuera algo real, se oiría de tal o cual manera. Y nada, que también empezaron a avisar que buscara uno en el sótano, el mejor lugar para esconderse y llevar agua, pan y comida no perecedera.
Para empezar, vivíamos en un departamento que era de la universidad, asi que ni a sótano llegábamos. Bueno, existía uno en el que estaba la lavadora y secadora que servía para los 8 departamentos.
Y nada que como había unos misiles rusos en Cuba, apuntando a E.U. ¡¡existía la posibilidad de un ataque!!
Las cosas estaban muy candentes entre Rusia y E.U. por Cuba, ya que hacía poco había habido un intento por parte de E.U. de entrar a Cuba y destituir a Castro, pero había sido un verdadero desastre, pues en menos que lo pensaban, Bahía de Cochinos había resultado un verdadero fracaso.
Afortunadamente no pasó a mayores, y Kennedy y Krushov llegaron a un acuerdo y los misiles salieron de Cuba.
Pero si, fueron días de verdadera zozobra, sin saber qué sucedía en realidad. Le había dicho a Francisco que mandaría a René a México con mi mamá... pero si algo así hubiera sucedido, México la hubiera sufrido también.
Cuando René tenía dos años, se encontró unas cartas y llegaba y me preguntaba... ¿-qué número es éste-? y ya le contestaba, 3, 6, 9, 4, etc. etc. solo me preguntó una sola vez y se los aprendió.
Cuando salíamos, coría de un coche a otro, gritando los números, la gente se sorprendía y él feliz.
Había unos vecinos de Hermosillo, Son. que estudiaban también y ella iba a la casa a jugar a las cartas. René se acercaba, veía mis cartas y me decía... -¿porqué tienes tantos 5?-... René... vete a jugar con tus juguetes y deja de ver mis cartas y Evelia, que asi se llamaba mi amiga, le decía... no René, siéntate junto de tu mamá. 😂.
Bueno, hasta aquí hoy, Mañana llega un paquetito muy bonito de Holanda. 😊.
Que pasen una noche excelente y no dejen de soñar con los angelitos.

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