Y todavía en Madison
Un día llegó Francisco diciéndome que les habían dado una pequeña parcela, creo que sería de 7 x 10 metros. Era verano y todo mundo se dio cita para empezar a preparar su pedacito. Para mi fue una verdadera sorpresa el ver la infinidad de modos de preparar su parcela para sembrar. Nosotros por supuesto hicimos surcos. Todas las nacionalidades lo hicieron a su modo. De verdad fue notable el ver que no todo mundo siembra en surcos.
Sembramos toda clase de verduras y hasta melones y sandías, sin embargo la gente nos dijo que eso no se daría, pero para su sorpresa, se dio de todo. No sabíamos qué hacer con todo lo que cosechábamos. Jitomate, calabacitas, chayotes, zanahorias, cebollas, pepinos, chícharos, en fin, muchas cosas que regalábamos a los vecinos.
Un día llegó un compañero de Francisco que estudiaba en Indiana. Llegó con su esposa y su hijita. Nos dio mucho gusto recibirlos y la pasamos muy bien. En las noches, los cuatro jugábamos canasta. Y en las tardes, hacíamos un pastel y lo dividíamos en 4 partes. Así que ya se imaginarán. Yo como les digo, ya estaba muy, pero muy embarazada y como mejor me sentaba era en flor de loto en la silla y así podía pasar horas enteras. Lo que son las cosas. Ahorita solo de acordarme, me duelen las piernas.
Estuvieron varios días y un día se despidieron y se fueron y claro que los extrañamos.
Un día llegó Francisco diciéndome que una muchacha, estaba haciendo su tesis, no recuerdo si maestría o doctorado, en español, pues se trataba de Carlos Fuentes, y, nadie se la quería hacer y estaba desesperada, así que él le dijo que posiblemente yo se la podría hacer. Pero como les platico, no me encontraba del todo "normal". Pero aún así, le dije que si, que yo se la hacía.
Llegó feliz con un tremendo altero de hojas y con las consabidas directrices. Tantos centímetros de sangría superior, tanto de inferior, tantos de margen izquierdo y tantos de derecho.
Entonces en cuanto dormía a René, me ponía a escribir, claro en una máquina que ella me prestó.
A la semana que se fueron los amigos, nació Gerardo. Era de madrugada cuando salimos de la casa porque ya me sentía mal. A una amiga, con la que jugaba a las cartas, le habíamos encargado a René.
Como era muy temprano y todavía aguantaba, nos fuimos a nuestra parcela a limpiarla de ramitas que no queríamos allí y a quitarle todo lo que no debía estar.
Era un domingo, de junio, día del padre. Era un día muy bonito, cielo azul, limpio, brillante. Nos dirigimos al lago y allí las patas con sus patitos, nadaban felices, estuvimos un buen rato gozando ese día que de verdad era perfecto para que un niñito se asomara a este mundo.
Y hasta aquí hoy, continuaré pronto. Y como siempre, les dejo un abrazo con mucho cariño. Pásenla bien y cuídense. Buenas noches.
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