Y todavía en Matamoros.

 Bueno, pues si, la dueña de la casa, Elsa, me encontró in-fraganti dentro de su baño,  refrescando a Gerardo, que estaba desfalleciendo del calor tan horrible con el que nos recibió Matamoros.


Después de un momento y de explicarle el porqué me encontraba allí, Elsa lo entendió y ya me presenté formalmente.


Pues si, resulta que ella era mi jefa, ya que era la esposa del gerente del banco.  Me encontré con que tenía un grupo como de voluntarias, que hacían trabajos, y ayudaban en escuelas y lugares en donde había gente necesitada.


Y como les digo, vivíamos en el mismo terreno de su casa, pero en la parte posterior,  lo cual para mi era muy conveniente, pues muchas de las reuniones eran en su casa y yo podía estar al pendiente de los niños.


Poco a poco me fue dando tareas y relegando en mi cosas que ella hacía, lo cual no me disgustaba, al contrario, pues aprendía cada día nuevas cosas.


Algo que aprendí también y me ayudó durante todo el tie4mpo que tuve algo de responsabilidad durante mi vida en el ámbito digámosle laboral, aunque no era como tal, pero tenía que ver con personas que fui conociendo a través del tiempo que acompañé a Francisco.  Bueno, eso vendrá mucho después.


Pero a lo que voy en este momento es lo siguiente:... quien me conoce sabe que no soy muy sociable, no soy amiguera, soy mas bien arisca y si ahora lo soy, ya se imaginarán como era en esos tiempos:  No tengo amigas.  (Cuando vivía con mi abuelita, le daba tentación que no tuviera amiguitas y me conseguía para que jugaran conmigo, pero la verdad es que no necesitaba, yo jugaba sola, con mis botellitas y cosas que inventaba.  Eso lo platico en otros lados, pero eso quiere decir que desde chica fui así.


Entonces, de pronto, me volví simpática, las señoras me seguían, querían platicar conmigo en fin, algo muy raro y eso me extrañaba sobremanera.  Un día le platiqué a Francisco y le dije.... ¿que de pronto me volví simpática o qué.?  A lo que él me contestó:... lo que pasa es que eres la esposa del sub-gerente.  


Ahhhh, con razón, pensé.  Eso, aunque ustedes no lo crean me sirvió y me ha servido siempre. 


Bueno, mañana o a la mejor los dejo descansar un mes, o un año... no, no es cierto, no se van a salvar de mi tan fácilmente.  :)

Un abrazo muy fuerte y cuídense mucho.



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